LA IMPORTANCIA DE LOS MAESTROS EN LA EDUCACIÓN SEXUAL

En una familia habitual los hijos-as se desarrollan rodeados del entorno más próximo (padres, hermanos) y, más episódicamente, salvo que convivan con ellos, de tíos, abuelos y circunstancialmente, de vecinos y amigos de los padres. En definitiva, cuando llegan a la edad escolar, los únicos adultos con los que han tratado, en casi todos los casos, han sido los padres; pero un buen día entra en su vida otro adulto: el-la maestro-a, de influencia capital en su desarrollo. En algunos países son los primeros responsables de la educación sexual. Se considera que, en general, poseen una formación superior a la de los padres reforzada por la experiencia de año tras año que les hace ser buenos intérpretes dela mentalidad infantil. Sin embargo, en mi criterio, el defecto de la educación sexual en la escuela es su planteamiento programático idéntico para todos y, en una clase, pueden existir entre los alumnos, notables diferencias en el desarrollo psico-afectivo.

En muchos programas no se introduce la educación sexual hasta la enseñanza secundaria y no como materia exclusiva, sino incluida como capítulo en Biología e Higiene. Otros sistemas inician la educación sexual en el ámbito preescolar mediante la estrategia semilla-planta-flor. En primaria también se utiliza la amena e instructiva fórmula rigurosamente biológica cobayas-apareamiento-nacimiento-cuidado y desarrollo de las crías.

La intervención de los profesores puede ser más decisiva en la adolescencia; los chicos y chicas ya acuden con menos frecuencia a preguntar a los padres sobre cuestiones sexuales, más que nada, por un sentimiento innato de pudor, por lo que, en el aula, es donde  deben encontrar las respuestas. En todo caso, los padres deben estar al corriente de la educación sexual que sus hijos reciben en la escuela u otras instituciones para evitar “cortocircuitos” en la interpretación.

Si bien los padres realizan bien o mal la introducción a la educación sexual, las horas lectivas sobre estas cuestiones permiten, en la adolescencia, establecer un diálogo sano, franco y natural con su profe y con sus propios compañeros. (Continuará)

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros