
Fue en la fiesta:
¡Entraste «pidiendo guerra»
con tu belleza marcial
y el salón enmudeció!
Te lancé mi visual,
en avance explorador;
noté que te diste cuenta
y aguardé en la retaguardia,
esperando tu reacción.
Con un guiño me indicaste
que tu emoción se rindió
y esposada con suspiros,
hasta mi anhelo, llegó .
Tu alma, dejaste abierta,
y mi ambición la ocupó.
¡jugoso botín de amor,
que firmado el armisticio
nos repartimos los dos!
doctorpoeta.
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