
Tu mirada vigila mi ajetreo;
avistas las sendas de mi vida
y en mí, reparas:
Si mi marcha
es segura o vacilante;
si me agarro a algún rehacer,
tras el bache invisible
a mi ceguera;
si mi orgullo,
por torpeza, envilecido,
se vuelca convencido
en reparar mi descaro;
si antes de ordenarse
las palabras en tu lengua,
pongo, por ti, ilación,
en el recado de tu frase.
Si percibes mi impaciencia
por volar hacia tu cielo
y allá aguardas
lanzándome la escala.
Si busco en la sima,
con tu clave,
el tesoro de mi anhelo
y me alumbra tu sonrisa
tenue, clara,
con alhajas repujada.
si despierto
porque el alba me acaricia
y al tañido de campanas,
oigo el dulce tarareo
de por qué “me quieres tanto”
Si ves traspasar mi aventura,
ciclones y marejadas,
y, en la línea cielo- agua,
veo, tus manos preparadas
para amarrar mi llegada…
¿Ondeará mi bandera
en tu cima,
si no es clavada en el hoyo
que tú horadas?
En la noche que está oscura,
porque descansa la luna,
antes de que el alba encubra,
tu pasión enciende el faro,
y allá donde yo divago,
todas mis dudas, se alumbran.
Antonio C. Rodríguez Armenteros
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