VER A DIOS EN LA SOLIDARIDAD DE LOS SENTIDOS

Cuando la alondra al nido vuelve

y llega, vibrante, a tu oído

el piar de alborozo;

cuando tus niñas, en sombra,

se abren

dejando al olfato que capte

el prodigio de aroma

de una flor que se abre

y tu tacto,

esculpiendo belleza,

va elevando a tu mente,

con finura y destreza:

facciones, placeres,

las artes, la ciencias;

cuando brilla en el Braille

la lluvia de estrellas,

tus sueños y anhelos;

mis rimas, mis versos,

y oteas por mi vida y paisaje;

si tu boca,

con bellas palabras,

me cuenta la luz de tus valles,

la nieve en tu monte,

la luna y sus fases

y, con besos, te entregas

a un amor insaciable;

y contemplas

el inmenso azul del cielo postrado

en la paz de tus mares

y, en tu playa, te roza la brisa

y te ves en tu isla atracando el velero;

cuando el rayo,

que arranca mi alma,

no intimida tu calma

y lo adviertes

como trueno y aguacero…

¡la ceguera es mía, compañero!

doctorpoeta

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