
Aunque amanezcan gripados los relojes y veletas, el tiempo no se detiene; con impostura, progresa. Con su partición en días, nos enrola en su carrera, bien por el inestable azar, bien por claros de certeza, sea en presencia, sea en ausencia, de la dicha o la tristeza, por la lisura del bien, o por carriles con piedras. A actuar, también nos lleva, por teatros de guiñol, como pobres marionetas o, aplaudidos al final, como galanes de escena.
El suelo yace mojado
y el amor posa sufrido,
bajo nube negra y gris;
por la piel, escalofríos,
tímido sol, al salir;
la hojarasca, en secos
trazos
y la desnudez del árbol,
sin fronda ni pajarillos.
Aun así,
el corazón se debate,
con un rojo destacado,
en latir, o no vivir,
sobre el lánguido ruido
chungo, sucio y embarrado…
doctorpoeta
Comentarios recientes