NO TRATES, SÓLO, LA HERIDA

Vagué errante, perdido en el desierto

dando tumbos sin saber si al fin saldría,

aunque cierta esperanza mantenía

de que, estar en tu oasis, fuera cierto.

Por la duna había rodado: fue un tropiezo,

y rendido me dormí hasta otro día;

cojeaba con dolor de rabadilla

y una luz me deslumbraba, ya despierto:

Viva luz que se cruzó con mi lamento

y mostró a mi soledad de peregrino,

la manera de llegar hasta tus ojos,

enfocados, con el alma, hacia los míos.

Llegué herido, entré en ti

cuando vi tu puerta  abierta;

restañaste mis heridas, con caricias

y sanaste, con pasión, mi sufrimiento.

doctorpoeta.

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