LA MORADA

¿Dónde vas amor
que tan loca es tu carrera
y me atraes hacia tu ritmo?

¡Cómo asombra tu entusiasmo
para volcar mi destino,
recalando en el Parnaso,
hasta el Olimpo divino!

Cautivo de tu capricho,
me absorbes sobremanera;

a tu galope me llevas
junto al icor de los sueños
que me embriaga
y me hace adicto.

Si divinidad no hubiera
repudiaría el ateísmo;
como diosa te tuviera
pues, cabalgando contigo,
a Nibiru va el camino
¡y hacia lo inmortal me lleva!

Antonio C. Rodríguez Armenteros