La blancura de la nieve,
resalta, en la cumbre nevada.

Altiva, irrumpe,
en el azul infinito del cielo,
impregnado
de polvo remoto, de una estrella lejana.

Y, en la noche, la nieve tan blanca,
recibe y refleja,
la luz incesante, del cometa que llega;

Resplandece su esencia,
mostrando la senda,
a los seres, amados,
que quieren cruzar.

Que su brillo no cesa,
y las almas abiertas, se incendian,
de ilusiones que queman,
y de amores, que sueñan.

¡Mágico resplandor!,
que les quiere llevar
a la fiesta tan blanca,
donde luzca el verdor esperanza,
y acaricie la brisa del mar.

No hay tiniebla, ni naufragio
ni viento, ni tempestad,
y, al tesoro, más preciado,
les lleva la bajamar.

Antonio C. Rodríguez Armenteros