Supone, ya de antemano, el más rotundo fracaso para una colectividad que el poder sea erogado entre quienes, pragmáticamente, no van a coincidir en los medios, para alcanzar un fin común. Pienso

Y, aún peor, si proliferan apaños y/o chapuzas (Véase la infancia, atónita, señalada con el cacareo «pertenece no pertenece» y, claro, en muchos casos, con el sentimiento de culpabilidad a flor de piel) ¡Joder!. PODRÍA SER QUE CONOCIERA A LA INFANCIA, CASI TANTO, COMO LA ALÍCUOTA PARTE QUE ME ATAÑE, ME CONOCE A MÍ.

doctorpoeta

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