
LA MIRADA ES MÁS LADINA
Hay suspiros que,
impactando en la mirada,
desperezan la pasión;
hay miradas
contestadas con suspiros
al abrirse el corazón;
hay afrentas
que oscurecen la retina
y conturban la emoción:
son miradas de desprecio,
de soberbia y presunción.
La mirada, con el ceño fruncido,
es amarga e intoxica la empatía:
si reprende, no concilia;
si transmite, no encandila.
El reojo simulado
y repetido
es perverso, toca sólo
y no busca sintonía:
doctorpoeta
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