
Nos despierta el nuevo día,
y, con él, otro aspaviento;
recorrerlo a la carrera,
es imposición urgente
pero algo no concuerda,
entre la prisa y la mente.
Este es mi caso concreto:
Mi Belén es permanente;
prefiero amarrar el tiempo
y ficharlo en mis adentros
sin que el almanaque ordene;
bloquear, en un segundo,
la rutina inoportuna
el formulismo tozudo,
tanta luz que a nadie alumbra
y afinar mucho el oído
a la pena y la penuria…
Tal vez cenaremos pavo;
por descontado, marisco,
alfajores, mantecados;
sorprenderá algún regalo
¡y tomaremos las uvas!…
Porque el año es reticente:
si uno acaba, el otro empieza
y se irá el año que viene.
doctorpoeta
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