¿Quién mora en la eternidad?
En el eón, nadie cabe
y quien, hacia lo eterno va,
de la órbita se sale;

Puedo en la noche añorar
la verdad del firmamento;
los astros deben girar
mas, lo supongo, sin verlos.

De la luz de las estrellas
no se puede renegar;
ni alucino, ni estoy ciego,
mas ¿quién las encenderá?

Nadie ha subido al lugar,
con antorchas o mecheros;
sin aire de respirar,
es imposible explicar,
pero
¡cierto es que brilla el cielo!.

Ir en el vagón del tiempo
no da opción para idear
la forma de gravitar
sin llevar mecha ni miedo;

ni en la luz del sol, pensar,
ni en las fases de la luna,
ni en la mascletá de estrellas,
meteoritos y cometas;

¿ni en valor, que asuste al miedo?;
ni en la gente, ni en su sombra,
ni en fotos en la memoria;

ni en paisajes que conmuevan,
ni en los repiques a gloria,
ni en rosal de primavera;

ni en nardos ni caracolas;
ni en besos de dulce aroma,
al frescor de la pradera.

Faltan cumbres y no hay abismos;
ni alucinan las leyendas,
ni se ve verde la hierba,
y los dioses del Olimpo,
se refugian en el mito,
para que nadie los vea

Antonio C. Rodríguez Armenteros

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