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¿ALARMISMO? NO, NO, NO. ¡EN SU JUSTA MEDIDA!

EL PEDIATRA AÚN DE VACACIONES

La infección clínica por LISTERIA M  no es demasiado habitual, aunque existen eclosiones de la misma, con motivo de la ingesta de alimentos contaminados, que, serán de más o menos alcance, en función del número de personas afectadas, dependiendo el pronóstico, del momento del diagnóstico y de la idiosincrasia particular de los pacientes (edad, estado, embarazo, receptibilidad inmunológica, enfermedades previas, etc.). Los ancianos, diabéticos, inmunodeprimidos, cardiópatas, cancerosos y otros pacientes consuntivos, corresponden a un grupo de población particularmente vulnerable, en la que, el desenlace fatal, podría ser contemplable. La infección de la embarazada repercutiría muy severamente en el feto y por ende, en el recién nacido, caso de no existir aborto previo.

La listeria, se ha aislado en carnes, frescas o congeladas, de pollo, pescados, verduras frescas, setas y en productos precocinados como chacinas, queso fresco y derivados lácteos. Curiosamente, hasta un 11% de alimentos conservados en frigorífico pueden estar contaminados y hasta en un 5% de heces analizadas en personas sanas, pueden aislarse colonias de listeria SIN PROVACAR SINTOMA ALGUNO O, COMO MUCHO, ALGUNAS MOLESTIAS.

La infección por listeria en el recién nacido, obedece a otra vía de contagio. Lo habitual es que el foco radique en la embarazada y el proceso se propague al feto; también el contagio puede ocurrir tras el parto, existiendo mucho riesgo, tanto para el recién nacido, como para los ancianos del entorno. En el resto de la edad pediátrica en estado franco de salud, son poco frecuentes las infecciones, salvo en aquellos casos de ingesta contaminada, hecho limitado al grupo de niños de más edad (es improbable en los más pequeños  teniendo en cuenta los hábitos alimentarios de los lactantes y bebés).

La infección del recién nacido, transmitida intraútero por la embarazada enferma, es particularmente grave, por la aparición súbita de un cuadro de sepsis, muchas veces fulminante (a pesar del dignísimo esfuerzo de los compañeros de Neonatología, reconociéndosele desde aquí el mérito de lograr increíbles supervivencias en tantas situaciones similares a las que estamos describiendo)  y aparece durante la primera semana desde el nacimiento. Una forma más tardía de presentación sería la meningitis, que aparecería a partir de la 2ª o 3ª semana, muy grave, también, pero con más perspectivas de resolución.

La listeriosis puede provocar también otros síntomas en los distintos grupos de edad pediátrica, tales como gastroenteritis, conjuntivitis, infecciones de la piel, neumonía, pericarditis, artritis, hepatitis, todos de más o menos alcance, en función del estado de salud del niño y del momento del diagnóstico.

La listeria responde muy bien al tratamiento con ampicilina, que puede reforzarse asociada a gentamicina. Insisto, el diagnóstico rápido es importante para acortar la evolución de la enfermedad e impedir la aparición de complicaciones.

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros