Aprecio, con interés, que el manejo dialéctico de la modernidad se impregna, por lo general, de un matiz hierático-extravagante, especialmente apreciado en los intercambios. La construcción gramatical, la ortodoxia semántica, el sentido figurado y la hilaridad, son vehículos que, desde mi óptica, se suelen utilizar, lamentablemente, para transmitir suspicacia, competitividad y, no pocas veces, cinismo. Afloran reacciones que, con la intención de presumir de “drástica respuesta” por parte de quien las vierte, en realidad encubren su inquina afectiva y, sin embargo, son inocuas o balsámicas, no sólo para quien las recibe, sino también para el despistado que “pasa por allí”; es la explicación psicológica a aquellos complejos que tratan de vencerse con el usufructo, engañosamente enarbolado, precisamente, de la carencia que motiva el complejo.

Concluyo con mi opinión de que, en estos tiempos “mola” que el potencial literario se malgaste en la provisionalidad, aparcando, en mi criterio, la transcendencia.

doctorpoeta

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