
Estás sentada leyendo:
te sorprende mi presencia
y tu rictus sugerente
me desvela tu deseo.
Caen tus lentes de un bostezo;
mi suspiro te encandila,
dejas el libro entreabierto
y, buscándome los ojos,
me miras con embeleso.
Ahora entiendo que mi verso
te acaricie el sentimiento
y que mi beso
te atraviese el corazón.
doctorpoeta
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