
El poeta no ha de cejar en el empeño de reivindicar, con lustre, lo indignamente proscrito:
Ha de poner clave y transformar, en música de Sibelius, el chirrido de la garrucha oxidada, sacar agua del pozo seco y algo más, que no deja lugar a duda: aunque no sea convocado, se asomará, por su cuenta, a las miradas furtivas, para indultar, con su rima, esas piezas de la vida que, sólo, por los ojos entran.
doctorpoeta
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