Los tatuajes, sin negar la calidad artística de algunos, conllevan un serio riesgo de alteración de la piel y, por ende, de repercutir sobre el estado de salud general del tatuado, en función de la composición de la tinta, de la extensión de los motivos y/o de la localización de los grafismos en puntos de referencia quirúrgica.

La insatisfecha necesidad de tatuarse, podría coincidir con un trastorno histriónico de la personalidad, desencadenado, tantas veces y muy lamentablemente, por el esnobismo y por la pantomima del paradigma. (Yo, como Sergio Ramos, como la «mujer vampiro», o como… )

doctorpoeta

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