
En mis escarceos matinales a lo largo de la playa, reparo en la aparente proximidad de la línea cielo-agua y la curiosidad de mi pensamiento, no ceja en la meditación. Metafísicamente, la confluencia espacial no se podría ratificar, creo, como buenos vecinos, en ausencia de diálogo. Y, ¿cómo se iniciaría?
Cielo al agua: -“Te rogaría discreción pero sé de la inmensidad de tu negativa, incluso, allende las tempestades”
Agua al cielo: -“Imponente tu eterno silencio que con sordos brindis al sol, aguarda, sin licencia, la música celestial que amenice el baile de las estrellas”.
doctorpoeta
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