¡Vuelve, por Dios!
Si, claro, tuvo tu mente
no es tu vuelta; fue tu “adiós”.
Soy presa de mi obsesión;
te alejaste de mis besos
y padezco de abstinencia;
vuelve a mi alma, un momento,
y, presta un beso, a mi indigencia.
Es paradoja tu ausencia
pues te sospecho muy cerca
aunque, en la sima tan honda,
soy mártir de mi impotencia,
sin oír tu corazón.
Mi ansiedad, no es más que alerta,
que persevera en mi mente;
no coordinan mis sentidos,
los ruidos me enajenan.
Vivo nervioso, intranquilo,
y mi existir yace inerte.
Desespero y me pregunto
¿cómo puede arder mi frente,
si no ha hecho ni un segundo
que mi sangre se congela?
Me debato, en la locura,
¡hasta mi sombra, me extraña
y mi alma, en “horas punta”,
sepa Dios, si alguien, la ampara.
Exiges mi penitencia
y he cumplido, arrepentido;
doy por grato lo sufrido….
¡Con tal de lograr tu vuelta!.
doctorpoeta
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