POLÍTICAMENTE CORRECTA

Psicológicamente el mentiroso quiere conseguir más ostentación que le proporcionaría la verdad y la disfraza para que no le perjudique. Los “trolosos” se hacen prestidigitadores de la fantasía para enmascarar la realidad, con la manida estrategia de encandilar.

Al mentiroso, llega a hacérsele muy difícil dar crédito a todas, y cada una, de las versiones manipuladas; tanto que, en cualquier momento, le surge la contradicción y la incoherencia; los falsos argumentos “cantan” contrapuestos y dejan mala impresión, excepto a sus acólitos, amén de incredulidad, pues lo dicho es tan artero, que “no hay por dónde cogerlo”. Sin embargo, es frecuente que, sin ruborizarse, intente cambiar de conversación, «como si la argucia no fuera con él», consiguiendo que muchos engañados «entren a su trapo».

doctorpoeta