
La “peste” asoló aquella maravillosa y limpia conciliación conseguida con las buenas formas, actitudes, costumbres y aserto incondicional. La gente picaba en el anzuelo de las llamadas tecnologías; las redes, con su parafernalia mercantilista e ideológica, depredadoras del yo, se ensañaban, con la cremación de las ideas, para que nadie percibiera la competencia del avance constructivo del amor, la educación, la cultura, la ciencia y el bienestar, enmascarado, con vileza, por la trágica pandemia del desamor, de la incultura, del absurdo y del rencor.
Y lo que, aún, suena peor: ¡Todavía sin pesticida!
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