Entre las secuelas, bastante comunes del abuso sexual en menores, se detectan: los destructivos trastornos de la conducta alimentaria, como anorexia y bulimia; el síndrome, llamado “desafiante-oposición”, un infierno en la relación con su entorno; el sentido de culpabilidad ante el batacazo a la inocencia; las dramáticas fobias; la depresión y tendencia al suicidio; el veneno de la drogadicción; la masturbación reactiva y compulsiva; alteraciones del sueño, fracaso escolar, promiscuidad sexual y prostitución, paranoias agresivas, infecciones urinarias y dolor al orinar, sangrado vaginal, sangrado rectal, falta de control en la emisión de orina y heces…

¿Puede optar al perdón la canallada? ¿Quién repara? ¿Cómo se repara? ¿Cuándo se repara? ¡Cabrones!

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros

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