¡DE DESOLACIÓN, NI HABLAR!

Parece  escampar

e, inundada por goteos,

de esperpento y confusión,

mi mirada se sacude

para evitar el tropiezo.

Ha de reaccionar mi fuero,

decidido a dar un paso,

aunque sólo fuere uno,

más allá de dónde yerra la

abyección,

aunque sé que todo pasa

por batir al cancerbero,

apostado, por su amo, en el

portón.

¡Evitad los versos tristes!

Intentaré que la musa me

conduzca

por estrofas de alegría:

vetará palabras ciegas

y réquiems de funeral;

hay que blanquear el luto,

aflorar sensualidad,

evitar besos de Judas

y, con seda, acariciar

para limar rozaduras.

Aunque, lágrimas, habrá:

¡que aguantar las penas

dentro,

es más triste que llorar!

doctorpoeta

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