HABLEMOS DE LA DEPRESION.

El síndrome de ansiedad-depresión martiriza cada vez a más personas sin distinción de edad, sexo, nivel cultural o socio-económico. Es muy preocupante detectar casos en adolescentes, niños, e incluso en bebés, con frecuencia progresiva.
Creo que saber en qué consiste el síndrome, sus causas y por qué nos atrapa, sería útil para hacerlo más llevadero e intentar plantarle cara. Los síntomas son indeseables, pero hay que tener presente que aparecen para ALERTAR de que la mente está contaminada y, de tal aviso, se puede iniciar el proceso de descontaminación. Por ello, aunque parezca paradójico, es útil aceptar el servilismo de los síntomas. Se trata de un recurso biológico defensivo y, como tal, hay que considerarlo como un beneficio. Por tanto, como primera reacción, al percibir la desazón de la ansiedad, debemos ser corteses y «agradecerle» su cometido. La meditación sobre esta circunstancia, en general, suele proporcionar alivio desde ese mismo momento. La segunda parte de la reacción tiene como objetivo bloquear los pensamientos negativos con sensaciones opuestas conseguidas con la contemplación serena y gratificante de la vida misma y anteponer las sencillas maravillas que nos rodean, como un encuentro, un paisaje, el vuelo de los pájaros, el olor a primavera, una canción, un verso, un beso, una flor, una sonrisa, y todo aquello que nos haga retornar, desde la atroz pesadilla, hasta la sutil maravilla de un dulce sueño.

Si, con esta sutileza, aprendemos a dar el primer paso, el segundo, que conduce a los tratamientos diversos y personalizados, lo daremos con más firmeza y convicción, hasta conseguir el logro definitivo y, cuando sea  posible, liberarnos, gradualmente, de la dependencia de los fármacos .
Me resultaría muy gratificante que ,estos apuntes, resulten eficaces para quién los tenga en consideración.

Un fuerte abrazo

Dr. Antonio Carlos Rodríguez Armenteros