¡FUERZA Y SERENIDAD!

Si se vieran superadas las estrategias de contención y de terapia por la difusión incontrolable de la pandemia me permito, desde mi amplia experiencia de médico hospitalario que fui, sugerir un esquema de actuación en un intento de racionalizar y poner un poco de cordura: hay que depurar, en lo posible,  los efectos indeseables de la masificación para reivindicar el buen funcionamiento de la asistencia con actuaciones pensadas, sin prisa pero sin pausa Si bien las patologías respiratorias deben asistirse con prioridad, también es decisiva la redistribución de la asistencia integral para evitar, en lo posible, más perjuicio al contingente de usuarios. Las infecciones contraídas dentro del hospital, llamadas NOSOCOMIALES, suelen aparecer esporádicamente en momentos en que la patología es, más o menos, habitual pero su incidencia aumenta tremendamente, coincidiendo con la irrupción de las  epidemias; producidas por colonias de virus y bacterias exclusivamente “adscritas” al hospital, y por lo tanto, “resabiadas” y resistentes, siendo su efecto patógeno muy agresivo: aprovechan el mal estado del huésped, cuyo deteriorado estado inmunitario está “entretenido” en  controlar la infección original y  la vía de entrada queda  totalmente expedita a una nueva y gravísima sobreinfección (INFECCIONES OPORTUNISTAS). Por supuesto que en todos y cada uno de los hospitales poseen protocolos para evitar y neutralizar este tipo de infecciones, de hecho, controlables; distinto es que se llegue a realidades que superen actitudes y estrategias.

Así pues, desde mi modestia aunque también desde mi preocupación, me tomo la libertad de dar mi consejo: ¡NO ACUDA AL HOSPITAL! ¡SI HAY QUE LLEVARLO LO VAN A ATENDER CON EL CORAZÓN!”. Los pueblos y ciudades habrían de convertirse en verdaderos hospitales de campaña disponiendo en cada vivienda de las habitaciones necesarias para este cometido. La organización asistencial se haría de forma centralizada, planificándose, territorialmente, desde la subdivisión en distritos. Tras el primer filtro telefónico, cada distrito dispondría con las dotaciones necesarias, en función de la población, de ambulancias medicalizadas y UCIS móviles con personal asistencial suficiente. Se dotaría de eficiencia al sistema y una actuación más ágil,  selectiva y eficaz.

Agradezco la atención que me prestáis; posiblemente mi planteamiento ya haya sido contemplado, no habiéndose organizado aún por cuestiones de logística u otras o por haber sido considerado inviable; de todas formas, he querido difundir mi teoría ideada exclusivamente desde la deontología médica (no soy gestor, ni lo pretendo). Pienso que, probablemente, aportaría más agilidad, tranquilidad y seguridad.

¡Vamos valientes!

doctorpoeta