
Fue confite tu promesa
y escalando hacia tus sueños,
me ofreciste un grato asiento,
justamente, a tu derecha,
sin aceptarme un regalo
y tampoco un privilegio.
Fue tan dulce al paladar aquella
cena
que aún degusto tus caricias:
¡qué delicia!
Tus miradas me embelesan,
cuando, en tu despensa, ojeo
En tus besos sólo pienso,
cuando me pones la mesa:
¡Si hambre y sed tiene mi alma
pones miel sobre la mesa!
doctorpoeta
Comentarios recientes