
En tu ausencia
se estremecen mis ojos de plomo,
caídos e inertes.
¡Cómo anhelo, la luz de tus días,
cuando muestra el espejo del agua:
mil recuerdos y sueños
que, sin más, chapotean;
el horror de mis ojos,
cerrados de pena
y tu apego, doncella del prado,
invadiendo mi vera
tras la brega terrena.
Lanzo al aire un suspiro
y sediento,
me disloca saciarme en tu fuente
y jugar con tu encanto,
sonriendo en la hierba:
Vil quimera
que ha frustrado mi suerte:
el reflejo impostor, de repente,
se pierde con el gris de la nube
y se ahoga
en la onda mordaz
de la aleta de un pez
que, nervioso, se mueve…
doctorpoeta
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