«A LAS DURAS Y A LAS MADURAS»

Pierdo

y me encaro con el tiempo;

ayer gané y fui cortés

y si pierdo lo ganado,

no hay sostén para mi encaro.

Nada es y todo cambia:

cielo y tierra, tierra y mar;

quizás sea lejos acá

y cerca, va a ser allá;

viento y aura

ora rolan, ora no cambian;

si me es precisa la calma,

los nervios se me disparan.

Dura, frágil,

la vida incierta que incierta,

me parece que es muy cierta;

si me agarro a un clavo ardiendo,

mis pies se plantan corriendo.

Si gusto sentir la lluvia,

caen unas gotas y escampa;

y si raso, voy a salir,

un aguacero me empapa.

Nada es, todo cambia;

quédate con  lo mejor,

lo peor, yo lo retengo;

es voluble el merecer

¡coincidir en poseer,

es efímero en el tiempo!.

Si tu disfrute es conspicuo,

yo me fajo en mi suplicio.

Después de un sueño fugaz

con la pretensión de alivio,

tal vez por desequilibrio,

te lleve al dolor, gozar

y yo goce tras mi mal.

Antonio C. Rodríguez Armenteros