
¡NO QUIERAS AMAR LA LUZ!
Lo impecable es pureza inaccesible. Si anhelas la pura esencia, tu yerro es potencia y acto: no se puede poseer lo inalcanzable ecuménico e imparcial; imposible el erogarlo en alícuota fracción. Lo sublime, ni es amante ni amador, ni dador ni receptor; es, en todo, inabordable. Sólo es objeto de amor, una maca, un socavón, un resquicio, un sabor, un sinsabor y cualquier otra ilusión que subsista a lo intachable. No quieras amar la luz: ¡busca, con calma, la sombra!
doctorpoeta
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