
¡Que nunca acose a mi corazón y le deje denunciar
la inercia remolona y el egoísta descaro de quienes
se “lavan las manos”
Que me deje libertad para avanzar por la vida
y adherirme a una de sus incontables expectativas.
Que me deje seducir, en los sueños, por “el mito de las
sirenas”
para poder zambullirme, anhelante, en el reino de la
ingenuidad.
Que no trate de consolarme, jamás, por los trances
equívocos, por los idilios malditos, por el castillo
de arena, derrumbado por la resaca.
Que me ayude a deslatar el cierre atroz de mi
condena.
Que acompañe, como hilo musical, las bellas
canciones, que recuerdan mis labios,
para alejar el disforme murmullo del dislate y la ansiedad,
en estos tiempos de infamia!
Es gracia que espera merecer,
doctorpoeta
Comentarios recientes