A través del cristal, empañado,
de ventanas cerradas,
el albor de la nieve,
resalta,
en la cumbre nevada;
arrogante, ella irrumpe,
entre nubes de gris,
rociadas, con el polvo remoto,
de una estrella lejana.
Al confín, la blancura
eclipsada,
refulge fugaz
a la, efímera luz de un suspiro
que de, un sueño, se escapa;
y, en tan solo un segundo,
se ilumina la senda,
a los seres, que, amando,
queremos cruzar.
Y una chispa se escapa,
hacia el alma que, abierta, se incendia;
los anhelos, pacientes, esperan
y la leña que hay que atizar.
Desde el frío, y de su inercia,
el poema nos quiere llevar
a su alarde de fiesta,
donde tonos en verde esperanza
y en rubí, de una rosa temprana,
por la senda,
ya abierta, al andar.
doctorpoeta
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