
Ruge el día
sobre la calma
y se rompen, de espuma,
los espectros del agua.
Llegando la amanecida,
la brisa se doblega
ante el desorden
y en un lance de bravura,
salpican gotas de sal,
sobre el hilo de mis sueños,
sobre el llanto de mis ojos,
sobre el alma de mis versos…
Miro el cielo,
enjugado el escozor
y me llega, como un beso,
desde la Luna que espera,
su radiante resplandor
y clamo que se mantenga
el murmullo misterioso
de la luz de las estrellas,
antes que lo niegue el sol
doctorpoeta
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