Pienso en ese día en el que el sufrimiento nunca rebasará los límites de lo soportable: en el que la Ciencia dará respuestas a la sinrazón; en el que el mundo, por fin, habrá aprendido a sacar al débil de su desértica existencia y, también como no, en el que, llegada la puesta de sol, después de una tarde, tan amable como agotadora, Mary (mi amada esposa) y yo, colguemos las batas, tomemos el ascensor y por «inercia» nos plantemos en la terraza del barrio, donde aguardando nuestra «gente» con las «cañas» ya pedidas, pudiésesmos entablar con ellos esa charla limpia y liberadora  de las cuestiones cotidianas.

¡Tendréis una ronda  pagada! ¡Con la ración incluída!

doctorpoeta