
¡Oh, mi bien, que a ti me debo! Me pasaste la factura de la apuesta por llevarme de tu mano a tu altozano, cuando zombi y maltratado, levantaste de la tierra mi amargura. No, del todo, te he pagado, porque no es fácil calcular cuánto es el pago Eres roca de refugio; un alcázar, del que aun no me has bajado y contigo, en tu sitio replegado, vivo fijo; fijo y libre, por tus sueños y al estino, encadenado.
Porque eres el brocal donde me apoyo, en esta loa, busco la rima al fiel auxilio; a tu dulzura, a tu renuncia por lo tuyo y al puro amor, que de tu esencia, yo recibo.
doctorpoeta
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