EDUCACION SEXUAL (3ª ENTREGA)

LA SEXUALIDAD EN LA INFANCIA

En su vida, ya de relación, a partir del primer año de edad, el niño-a, se ve inmerso en un ambiente, que, emocionalmente, no le es absolutamente propicio (mamitis, con dificultades para su satisfacción). Es aquí, donde la madre con su presencia, ha de proporcionar a su criatura seguridad y tranquilidad, al tiempo que, con su ausencia, solapada y progresiva, ha de ir implicándola en la, cada vez más frecuente, situación de existir fuera de ella.

En esa etapa de transición hacia la “existencia externa” surgen los primeros “choques” emocionales evaluados como NORMALES, en el contexto de la propia evolución psicológica. “Mamá  es mala; no está, cuando más la necesito y no está, porque está con papá”, inculpando a papá de la dolorosa separación; la rivalidad, a priori subliminal entre niña y papá o niño y mamá, se conoce con el nombre de COMPLEJO DE EDIPO y de su resolución evolutiva o bien de su permanencia e involución patológica, dependerá el pronóstico y requerimientos de asistencia.

A partir de los dos años, ya va asomando la diferenciación sexuada:

El “niñito varón”, se descubre dotado de un pene, que eleva a paradigma de su orgullo, no sólo durante su infancia, sino durante toda su vida, potenciándose, aún más, este sentimiento, al observar la coherencia de su imagen, con la de papá, que siendo distinta de la de mamá, provoca reacciones de distanciamiento hacia ella.

En caso de la niña, identifica a su madre como el objeto de amor de su padre y desea amar y ser amada de la misma manera que es su madre, dirigiendo su ternura hacia su padre. Pero esa inclinación, tropieza con dos serios obstáculos: no existe motivo sexuado de separación de la madre y es difícil que exista rivalidad con la persona de la que ha dependido existencialmente. Esta situación puede reavivarse en la adolescencia y, si la madre es capaz de adaptarse al distanciamiento, por parte de su hija, motivado por el acercamiento hacia su padre, todo irá bien sin aparecer conflictos de conducta, represión, celotipias ni otras reacciones indeseables, consciente de que no es más que el acontecer, de una etapa transitoria.

El psicoanálisis ha concedido gran significación al deseo de tener pene en la sexualidad de la niña de primaria (pocos niños desearían ser niñas y muchas niñas desearían ser niños). Sin embargo, la niña identifica pronto su vagina como órgano específico de la feminidad que, con el tiempo, será el centro de su sexualidad; por supuesto que, en esta evolución dejará de lamentar la ausencia de pene, satisfecha con la dotación anatómica de sus genitales. (Continuará)

Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros