Aprecio con asombro que el manejo dialéctico de la modernidad, incluido el político, se impregna por lo general, de un matiz hierático-extravagante especialmente observado en los intercambios dialécticos. La distorsión gramatical, la heterodoxia semántica, el sentido figurado y la hilaridad son vehículos que, desde mi óptica, sirven lamentablemente para emitir suspicacia; en muchas ocasiones, cinismo y, no pocas veces, rifirrafes a degüello. Afloran reacciones que, con la intención de alardear con una “drástica y ridiculizante respuesta, en realidad exhiben la inseguridad y locuacidad de quien las vierte, con las que queda significado (“no, si ya lo vamos conociendo”); tanto es así que “viniendo de dónde vienen” tales imprecaciones,  no solamente van a ser inocuas y balsámicas para quien las recibe, sino claramente edificantes  a juicio de quienes han de arbitrar; es la explicación psicológica a aquellos complejos que tratan de vencerse, enarbolando, engañosamente, el usufructo de la carencia que motiva el complejo. (“Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”)

Concluyo con mi opinión de que, en estos tiempos, se tiende a malgastar en provisionalidad  el extraordinario potencial retórico y  buen nivel gramatical, dejando al margen lo que, otrora, había sido considerado transcendente. Quizás sea un destello cegador más de los emitidos por esta sociedad en la que, de momento, seguimos instalados .

doctorpoeta