Siempre que mi presidente hace una declaración, o toma una decisión, me veo obligado a resetear mi, atónito intelecto. Me pregunto por qué el poder, que otorgan las urnas, aunque legítimo, abre el camino expedito al antojo, con fabulación, mentira, contradicción y argucia. Creo que, con la flagrante demostración de estos abusos, escondidos en la campaña, la Ley debe contemplar la existencia de fraude y pedir responsabilidad. La voluntad del voto sería rotundamente digna, si antes de votar, se hubiera informado de la intencionalidad de los elegidos tras el plebiscito o, más ético aún, si hubiera existido una coalición preelectoral.

Llegará el momento de no poder resetear el intelecto, porque no te dejen o porque se atrofie de no utilizarlo

doctorpoeta