
No te abandonará nunca tu rasgo diferencial; sabes mucho de optimismo, que lo supiste encontrar, sin derrapar de la ruta de la curiosidad, del asombro y la dulzura, montado en el vehículo de la simplicidad.
No; nunca dejes de soñar como niño: tu presente es un castillo y tu orgullo, las piezas a colocar.
No cojas el guante del pesimismo y la desgracia: los quieren inocular, simulando quitamiedos, y tú posees la excelencia de cómo tender las manos, la inocencia de desoír el rugido de la mezquindad y la destreza de callar, o contestar con balbuceos, la retórica del mal.
¿Quieres dejarme jugar? ¡mi caballo es esa escoba!.
doctorpoeta
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