SALVOCONDUCTO

Irrumpiste con la enseña

de tu asombrosa belleza

y el recinto, enmudeció.

Hacia ti fue mi mirada,

en avance explorador;

noté que te diste cuenta

y vigilando tu estrategia,

esperé en mi posición.

Con un guiño me indicaste

que tu corazón cedió;

y abierto con mis suspiros

a latidos, entré yo.

¡Cuantioso botín de guerra,

que, firmado el armisticio,

lo compartimos los dos!

doctorpoeta

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