
El granizo me ha inspirado,
pero estornuda mi musa
que, sonándose, tirita.
Varios versos congelados,
con vehemencia, le suplican
pasión y calor humano.
Al entusiasmo me incitan
y yo les tiendo mi mano,
componiendo de otra guisa:
«Llega el amor a su cita, sometiendoel ideal a la demanda impaciente del instinto que atiza, con ardor, la brasa del deseo. Los dedos juguetean con la frialdad, porque el calor se disipa con el vaho de tanto amor, entregado en desafuero. Funde el témpano de hielo; el viento rola a solano y el abrazo, incandescente, se atemoera con la brisa»…
doctorpoeta.
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