LA DUALIDAD ACREEDORA
¿Podrá descansar el alma de tragedias
y perfidia?
Su solaz es más preciado que una gema;
más lucido que una joya,
engastada en plata fina;
más sublime que el aroma de la flor de la
azucena
y más dulce que el propóleo del panal que
lo destila.
Porque el cuerpo no merece ni más clavos,
ni más cruces, ni ir coronado de espinas
y sí, descansar del suplicio, aunque solo sea unos días.
doctorpoeta, con la mirada en el «puente»

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