¡AMADA!
Tal vez, si tú lo quieres,
recitaría aquel poema
compuesto al anochecer,
tras la brisa de la tarde,
cuando el sol, ocultando su rubor,
a la Luna, reclamaba su presencia
El néctar de juventud,
destacaba de las sombras;
lo libamos, sin pudor
y se abrió tu corazón,
al tiempo que abrí tus ropas.
Susurrando te entoné,
sin dejar volar el eco,
canciones de amor y versos:
Al deambular por tus sueños,
a aquel día en que te amé,
a tus labios tan sedientos,
a tu boca, tan callada,
que tanto estaba diciendo.
Y terminó el recital;
a mi voz, calló tu beso,
convulsionaron los cuerpos
y el clímax, rompió el silencio…
Antonio C. Rodríguez Armenteros

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