
Pensaba en mi libertad, pero el deseo se truncaba; una trampa me aguardaba: injusto ardid agorero que la vida me tendía. Pude huir, salvando el muro; embarqué sin rumbo fijo y al gritar ¡tierra a la vista!, me hundí en la fosa marina; alguien me lastró el velero.
¿Seré esclavo en tierra nueva, si de la mar me largué y gané la costa a nado, con un denodado afán? Descalzos, mis pies osados, por tierra firme avanzaron; más de una traba salvaron, por su tino en sortear. Y ya no pude aguantar: me pertreché en la trinchera, salvaguarda de mi espera, montada sin alegría, con ramas, piedras, dolor y, al agüero del azar. El zarandeo de un ciclón dejó desnudo mi pecho, sin bufanda, sin comer, sin alas para volar; un rayo entornó mis ojos. Con el pecho a la intemperie, mi garganta lanzó un SOS: no había nadie, o sordos eran.
Del garlito me libré; tuve suerte, confié; el mensaje, en la botella, seguro te va a llegar, puede que por Navidad…
Siempre tuyo, aquí te espera.
Tony
Comentarios recientes