
Como la infamia, que en sus parrandas
no otorga gracia y tampoco hartazgo,
es el diablo, todo hecho un cristo, que resabiado
pisa descalzo,
lanza el tridente, siempre con tino y atravesando.
Y tú mujer, pura y devota , de adusta frente, de piel
sedosa,
turgente y fresca como una rosa,
peinas melena, que se enmaraña
con la asechanza en tu mirada
que es de guepardo, que garras, lanza
¡Satán se espanta!
doctorpoeta
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