
BOTELLON
Miércoles, bastante temprano,
mediándose el mes de agosto,
7.30 a- meridiano.
Por el paseo de la playa,
un varón,
dicen ya, que es un anciano;
71 años, soñando.
Corre, vuela, ¡no es de pavor!;
es por la sana costumbre
de su práctica de sport.
La vuelta del botellón,
espectáculo indecible,
muy gripado lo dejó.
La vileza del alcohol,
por aquella «fiesta», entraba;
y la dignidad salió,
vomitada con la papa.
Y después de retozar,
decían de ir a «chingar»;
la verdad que fueron dos,
aunque podría ser muestreo.
¡Oh, Dios mío, ay, por Dios!…
mas ¿qué culpa tiene el sexo
para también apencar
con grotesco cochineo?
doctorpoeta
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