No estás tú tras la lluvia;

solo el beso de la brisa,

me recuerda tu nombre.

Escampa

y el mar, saciado, se calma.


Las nubes esconden su llanto

y apagan la luz del rayo

que delata, mi nostalgia;

y se abren

a mi anhelo que despega,

siguiendo

el olor a incienso

que fluye de mi plegaria.

El cosmos duerme

los astros, se relajan;

y al ver mi estrella encendida,

la noche atravesará,

agarrado a la marea,

cuando la Luna decida.

Antonio C. Rodríguez Armenteros