AFORISMOS DE VERANO

Bendigo vuestros dedos, que acuden solícitos, con protocolo de ternura y sacan, de mi corazón, este  trombo levantisco que ocluye el riego del alma, allende donde la mente, se agrieta. Son vuestras ágiles y decididas manos  las que, al unísono, echáis a mi existencia obcecada, con la infalible y bien asimilada, quizás por mi propio ejemplo, técnica del amor: by-pass que revitaliza la necrosis del bloqueo. Ahora mismo, en este instante, percibo, como si resucitando estuviera, la húmeda, fresca y alucinante brisa de tantos y tantos suspiros. ¿Un beso? No, no, no; ¡muchos, cientos, miles… Más que estrellas!

Antonio C. Rodríguez Armenteros.