
REPUGNANTE
Ceguera incurable que se explaya en el daño al candor vulnerable. La sed del deseo, por la fuerza, se sacia por un vil miserable y ¡oh mi Dios que, aunque lloras, tu ira se atrasa!
El trueno, que anuncia el desastre, ya clama; el rayo, que alcanza, asola implacable los sueños, los juegos, los mimos, la vida y el alma..
¡Oh Dios sé que lloras, mas tu ira no asoma y merece el degüello; no hay molino, ni piedra, ni ese fondo marino: ni la soga, ni el nudo goldiano, apretado en el cuello!
doctorpoeta.
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