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PUESTA DE SOL

Una tarde por Campeche, en San Francisco paré,

no sé si por intuición, o tal vez, con intención.

Una linda campechana, de su mano, me llevó;

platicamos, sonriendo, paseando, divirtiendo,

incluso jugando y corriendo y pasmada mi atención,

creí, me llevaba a un sueño.

Todo fue en el Malecón; a esas horas de la tarde

aunque fatigado el sol, con fruición, se va poniendo.

Un divino manifiesto, en el cielo, apareció;

espectáculo increíble si se imagina, sin verlo.

Silencioso el océano, que se ofreció a mil reflejos

y yo, que agnóstico me tengo, me sumí en la adoración.

Ambos, caímos de hinojos y muy apretadas las manos,

como mayas, como hermanos, se humedecieron los ojos.

¡Oh! dios Sol, del Yucatán, soberano:

¿Artificio, meteoro?  No, no, no…

¡Un sacro rito irradiado entre las nubes de oro!

Ha languidecido el sol.

¡Pos ya mismito, nos vamos!. No nos vamos…¡¡¡ Amonos!!!

Antonio C. Rodríguez Armenteros

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