
Qué absurdo aunque no se advierta incorrección, que también, es complicar el lenguaje haciendo más intrincada la palabra. No hay situación más repelente que leer, o escuchar, a un parlanchín, “dándoselas de Demóstenes”.
Cuando presionamos el idioma, queriendo hacerlo erudito, lo volvemos inentendible y vulgar, porque transmite ruido. Cuando le damos, libertad y naturalidad, logramos el milagro de conectarlo a la emoción.
Palabras bellas, bien estructuradas en el relato, lo realzan; repelente es la cursilería retórica.
doctorpoeta
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